¿Filosofía para niños?

Por supuesto, y para todo aquél que mantenga viva la curiosidad. Los niños son curiosidad en estado puro, pues ellos son los que no dejan de hacer preguntas sobre el mundo que les rodea. Las preguntas de la filosofía son siempre generales, y una vez conocido lo general, puede descenderse a lo particular. Pero, ¿hay mundo ideal platónico por conocer? ¿Hay referencia objetiva a la que aproximarse con una respuesta? ¿o es esto un juego donde sólo hay respuestas más complejas que otras? y en este caso, ¿es lo complejo más acertado que lo sencillo? ¿Saben más de la vida el pedante o el erudito? ¿o sabe más el cerdo que felizmente chapotea en el barro? limpiémosle al cerdo el barro, aunque sólo sea por una vez, y sumerjámoslo en la inmensidad oceánica. Juguemos con él a las preguntas, y veamos si está hecho de barro o de sal. Ésa es la clave del método “filosofía para niños”: formular buenas preguntas para hallar respuestas a cada asunto particular de nuestra vida, para hallar qué clase de tocino mora en nuestro interior.

4 comentarios para “¿Filosofía para niños?”

  1. La pregunta que me sobreviene es la siguiene: ¿Puede el cerdo en su bravura oceánica conocer el orden de las esferas o el ritmo de las olas? ¿Debe el porcino tostarse al sol, sea de barro o sal?

  2. Efectivamente, los niños son curiosidad en estado puro. Cuando yo tenía 11 años, mi maestro se quejó a mi padre porque no paraba de hacer preguntas. Nunca más volví a hacer preguntas en el colegio.

  3. Dos buena preguntas, nabopolasar. En cuanto a la primera, decirte que por supuesto que puede conocer las órbitas de las esferas, el ritmo marino y todo aquello que se proponga, siempre y cuando, como tú bien dices, mantenga, en su bravura, elevado el hocico y alto su pensamiento. En cuanto a la segunda cuestión, un “NO, EN NINGÚN CASO” se impone como única respuesta posible. El sol que tuesta penetra en exceso, y puede quemar el jamón de nuestro querido tocino. Dore el sol y no tueste, pues, para todo marrano.

    A ti, Juanjo, preguntarte algo que dejas en el aire: ¿dónde haces las preguntas desde entonces?

  4. Decía que dejé de hacer las preguntas en el colegio. Me convertí en un alumno-esponja, que absorbe (respuestas) pero no suelta (preguntas). Luego estudié Filosofía, y tampoco hice muchas preguntas. Ahora doy clase de Filosofía y les hago las preguntas a mis alumnos. Me da pena cuando ellos no las hacen.

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